La pandemia del Covid-19 género un retraso de más de una década en los niveles de participación laboral de los mujeres en la región

El COVID-19 impactó negativamente en la ocupación y en las condiciones laborales de las mujeres en América Latina y el Caribe, generando un retroceso de más de una década en los avances logrados en materia de participación laboral, afectadas de manera directa o indirectamente, por esta pandemia. Algunas mujeres están teletrabajando, otras han perdido su trabajo, y muchas han tenido que apoyar directamente en la educación en línea de sus hijos, ocuparse de las múltiples tareas del hogar, o, en algunos casos, asumir el cuidado de sus padres (más aún, es posible que a algunas mujeres les haya tocado todo esto al mismo tiempo). En todos los ámbitos de sus vidas han tenido que adaptarse a la “nueva normalidad”, y las mujeres están siendo particularmente afectadas por esta situación. En un nuevo informe especial, la CEPAL recalca que es imprescindible avanzar en la implementación de políticas que contribuyan a una recuperación sostenible en materia de igualdad de género en América Latina y el Caribe.

En las últimas décadas hemos sido testigos de un gran avance en la participación laboral de las mujeres en la mayoría de los países de la región, sin embargo la actual crisis sanitaria y económica ha provocado un retroceso. Antes de la pandemia, habían más mujeres participando en el mercado laboral que en cualquier otro momento de la historia (52% de la fuerza laboral en 2019 eran mujeres). Sin embargo, los sectores con mayor participación femenina (como comercio, educación, trabajo doméstico y turismo) son también algunos de los más golpeados por el COVID-19. Muchas mujeres han perdido su empleo, y otras han podido conservarlo gracias al teletrabajo.

Sin embargo, la tasa de participación laboral de las mujeres se situó en 46% en 2020, mientras que la de los hombres en 69% (en 2019 alcanzaron un 52% y un 73,6%, respectivamente). Se calcula, además, que la tasa de desocupación de las mujeres llegó al 12% en 2020, porcentaje que se eleva al 22,2% si se asume la misma tasa de participación laboral de las mujeres de 2019. En 2020, explica el estudio, se registró una contundente salida de mujeres de la fuerza laboral, quienes, por tener que atender las demandas de cuidados en sus hogares, no retomaron la búsqueda de empleo.

Un denominador común para todas las mujeres es la sobrecarga de tareas fuera del ámbito laboral, que afecta su trabajo y su calidad de vida y agrava los efectos de la pandemia sobre ellas. A raíz del COVID-19, las mujeres trabajadoras han tenido que combinar su trabajo remunerado con tareas del hogar, educación de los hijos y tareas de cuidado, responsabilidades que caen desproporcionadamente sobre ellas. En el mejor de los casos, los hogares están conformados por una pareja que comparte algunas de las tareas; en otros, la pareja simplemente no participa de estas actividades.

Las mujeres pasan, en promedio, el doble de tiempo en el trabajo doméstico no remunerado que los hombres. Esto impacta en el desarrollo de sus carreras, afecta su competitividad y eficiencia, obliga a dejar pasar oportunidades y crea obstáculos para obtener promociones y aumentos. Adicionalmente, en algunos casos, las obliga a abandonar los espacios que han conseguido en la esfera pública e incluso a perder su empleo, sin mencionar los niveles elevados de cansancio, ansiedad, estrés y el aumento de la violencia doméstica a causa del confinamiento.

Por otra parte, el estudio concluye que el trabajo doméstico remunerado, que se caracteriza por una alta precarización y por la imposibilidad de ser realizado de forma remota, ha sido uno de los sectores más golpeados por la crisis. En 2019, previo a la pandemia, alrededor de 13 millones de personas se dedicaban al trabajo doméstico remunerado (de los cuales el 91,5% eran mujeres). En total, este sector empleaba a un 11,1% de las mujeres ocupadas en la región. No obstante, en el segundo trimestre de 2020 los niveles de ocupación en el trabajo doméstico remunerado cayeron -24,7% en Brasil; -46,3% en Chile; -44,4% en Colombia; -45,5% en Costa Rica; -33,2% en México; y -15,5% en Paraguay.

Además, el cierre de fronteras, las restricciones a la movilidad, la caída del comercio internacional y la paralización de la actividad productiva interna han impactado en las trabajadoras y empresarias vinculadas a los sectores del comercio, turismo y manufactura. Por ejemplo, el sector del turismo, en el que un 61,5% de los puestos de trabajo están ocupados por mujeres, sufrió una contracción importante, que afectó principalmente a los países del Caribe, donde una de cada 10 mujeres ocupadas se concentra en este sector.

Con el paso del tiempo, los efectos de la pandemia serán duraderos para todos en varias dimensiones. Una de ellas será la de las pensiones, en donde las mujeres también llevan las de perder. En países como Chile, Costa Rica y México, el número de mujeres que perciben una pensión contributiva es considerablemente menor que el número de hombres. Esto se debe a las “lagunas previsionales”, que son periodos durante los cuales las mujeres no trabajan o lo hacen de manera informal, sin contribuciones a la seguridad social. La pandemia representa una laguna previsional para muchas mujeres, y aun no sabemos cuándo muchas de ellas volverán a tener un trabajo formal, con acceso a la seguridad social. Resulta fundamental avanzar en un nuevo pacto fiscal que promueva la igualdad de género y que evite la profundización de los niveles de pobreza de las mujeres, la sobrecarga de trabajo no remunerado y la reducción del financiamiento de políticas de igualdad.

El impacto de la crisis en las mujeres pone en tela de juicio los avances que se habían logrado en este nuevo siglo para cerrar la brecha de género. Para mitigar los efectos y asegurar que más mujeres puedan acceder a un empleo formal superada la pandemia, es necesario incorporar activamente la dimensión de género en las estrategias de respuesta ante la pandemia, lo que requiere destinar recursos suficientes para responder a las necesidades específicas de las mujeres. Dentro del mercado laboral, es necesario que las políticas de reactivación económica incorporen proactivamente a las mujeres, y que los empleadores establezcan medidas específicas destinadas a atender esta situación particular (como conceder horarios flexibles a las madres trabajadoras, respetar un tiempo de desconexión y conceder extensiones para los proyectos).

 

Autor: Jonathan Narváez, consultor

 

Referencias

https://www.cepal.org/es/comunicados/la-pandemia-covid-19-genero-un-retroceso-mas-decada-niveles-participacion-laboral



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